domingo, 19 de junio de 2016

La epidemia del cannabis


El viernes 17 de junio asistí a la charla titulada “La epidemia del cannabis” impartida por Diego J. Palao Vidal, doctor en psiquiatría, director ejecutivo del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Parc Taulí, y profesor titular de psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona.
El ponente dejó claro que el consumo de cannabis se está convirtiendo en una epidemia, que causa menos alarma que el virus del ziKa. Comentó que muchos jóvenes creen que pueden controlar su consumo. Es necesario desmontar muchos mitos como por ejemplo creer que el hachís y la marihuana no son nocivos. Son una droga y tóxica. Que crea adicción y produce cambios de comportamiento muy serios. Afecta a la salud física y mental, y son una puerta para la adicción a otras sustancias.

“Las sustancias legales que más consumen los jóvenes son alcohol y tabaco, en un 70% y 30% respectivamente. De las drogas ilegales el cannabis es el rey”.

“El Cannabis sativa es una especie herbácea con propiedades psicoactivas. Contiene más de 400 compuestos químicos diferentes que actúan sobre el sistema nervioso. El compuesto químico predominante es el Tetrahidrocannabinol, THC.
El THC en dosis altas altera la percepción de tiempo y espacio. Puede provocar alucinaciones y delirios, y desencadenar algunos síntomas esquizofrénicos. También reduce el dolor, estimula el apetito, ayuda a reducir las náuseas e induce a un estado de relajación”.

“El hachís son los cogollos florales de las plantas femeninas. Presentan una concentración  de THC de hasta un 15-50%.
La marihuana es la parte aérea de la planta. El triturado seco de flores, hojas y pequeños tallos. La concentración de THC es del 1-5 %.
El aceite de hachís es la mezcla de resina con algún disolvente como acetona, alcohol o gasolina, el cual se evapora y deseca dando lugar a un mixtura vizcosa. Las proporciones de THC son muy elevadas, hasta un 50%”.

“En España un 30% de la población ha consumido alguna vez en su vida cannabis. Un 9% lo hizo en los últimos 12 meses. Un 7% en los últimos 30 días. Y un 2% a diario en el último mes, la mayoría de 15-24 años”.

“Desde el año 2013 los jóvenes han empezado a consumir más cannabis que tabaco. En jóvenes de 14 a 18 años, un 28% los chicos y un 23% las chicas”.

“Un 8% de jóvenes de 14 años y un 18% de 18 años lo consumen de forma problemática. Un 10% de los consumidores de cannabis desarrollará una adicción y tendrá problemas muy serios”.

“No todo el mundo que consume alguna droga desarrolla una adicción. Pero no nos engañemos, quien consume en dosis altas y de forma prolongada tarde o temprano tendrá problemas graves de salud física y mental. Y el riesgo de adicción irá aumentando”.

“Todas las drogas actúan sobre el sistema de recompensa cerebral. Experimentas una sensación placentera inmediata, empiezas a tolerarlo y el cuerpo pide más, por eso enganchan”.

“El cannabis es una puerta al consumo de otra sustancias. Un 9,5 % de los adictos al cannabis tienen riesgo de engancharse a otra sustancia. Cuanto más joven es la edad de inicio, más dosis y más tiempo consumiendo peores serán los efectos”.

“Fumarse 5 o 6 porros diarios durante años produce grave deterioro cognitivo e inicio a la demencia. Si se empezó muy joven será imposible recuperar al 100% ese cerebro”.

“El cannabis actúa en varias zonas del cerebro. Los consumidores crónicos presentan alteraciones en las funciones cognitivas y ejecutivas. Afecta a la atención, al aprendizaje, la memoria y el rendimiento. Provoca problemas de coordinación y habilidades motoras y verbales. Disminuye la contracción muscular”.

“El cannabis también provoca algo que muchos desconocen, enfermedades pulmonares graves crónicas y cáncer. Disminuye el deseo sexual y genera impotencia. Causa depresión y ansiedad patológicas. Los síntomas psiquiátricos son muy incapacitantes. Ya no puedes llevar una vida normal. La motivación e ilusión que nos mueve a todos se atrofia por el consumo. El riesgo de padecer psicosis y esquizofrenia aumenta hasta en tres veces”.

“El consumo crónico de cannabis se asocia a un estado amotivacional: presencia de apatía e incapacidad para hacer frente a nuevos problemas y desarrollar planes de futuro”.

“La magnitud del deterioro neuropsicológico y su persistencia tras la abstinencia depende de la frecuencia y duración del uso del cannabis, la duración de la abstinencia y la edad del inicio del consumo”.

“Un adicto que vuelve a consumir regresa a la misma situación de cuando consumía de forma muy rápida. Hay que conseguir la abstinencia permanente”.

“En la adolescencia el cerebro es mucho más sensible al efecto del cannabis y de las drogas. La clave es la detección precoz, para actuar antes de que se produzcan efectos irreversibles en el cerebro”.

“La padres tienen que enfrentarse a este problema sin ser indiferentes, permisivos o autoritarios. Aunque por un tiempo tengan que asumir ‘la reducción de daños’ no pueden conformarse, deben lograr la abstinencia permanente, deben buscar ayuda profesional”.

“Hay que desmontar muchos mitos. Como creer que el hachís o la marihuana es menos nocivo que el alcohol y el tabaco. Que sea una droga de origen natural no supone que no tenga efectos negativos sobre la salud. El tabaco también es un producto natural y su consumo es una de las principales causas de muerte en el mundo”.

“Sobre su posible uso terapéutico quiero señalar que los usos médicos del cannabis se corresponden en su práctica totalidad a fármacos obtenidos en laboratorio, y no al hachís o a la marihuana que circula por las calles”.

“También hay que acabar con el mito de que si el cannabis se legalizara se consumiría menos. Todas las drogas son peligrosas. Y si se legalizaran habría más acceso y más problemas”.

“Hay que mejorar la información sobre el uso del cannabis y sus consecuencias negativas en la salud médica y mental a corto y largo plazo”.

“Todos podemos ayudar y contribuir con refuerzos positivos para llegar a tomar la mejor decisión. Hay que acceder a ayuda profesional porque no somos capaces de conseguirlo solos”.

“Para superar la adicción al cannabis o a cualquier otra sustancia todos tienen que involucrarse. Padres, profesores, médicos, líderes juveniles, agentes sociales, publicistas, periodistas, políticos”.


“En las zonas o barrios más desfavorecidas con menos recursos, aumenta la incidencia de consumo de drogas y de trastornos mentales”.

La charla fue organizada por la Asociación para la Rehabilitación de problemas con el Alcohol, las Drogas y otras Conductas Adictivas, ARY. Con motivo de la celebración el 26 de junio del Día de la lucha contra el uso indebido y tráfico ilícito de drogas. 



viernes, 10 de junio de 2016

Algunos sí merecen que les suelten 'una fresca'


No es la primera vez que encuentro en un periódico un anuncio similar a este. En la parte superior te inducen a viajar mostrándote variadas ofertas, y en la inferior a colaborar económicamente en algún proyecto o programa social y humanitario. Siempre me surge la misma pregunta. Intencionado o casual. Irrelevante o trascendental. O simplemente contradictorio, desequilibrado e injusto como la vida misma. Singular resulta y desde luego se presta al análisis.

Si valoramos con los ojos del corazón, desde la sensibilidad y las emociones que algunos parecen haber restringido, el mensaje bien podría ser: si te puedes permitir uno de estos viajes por qué no colaboras con ellos. También podría tomarse como una llamada de atención, un inciso para valorar mucho mejor lo que tenemos. De qué te quejas tú que hasta puedes viajar, cuando otros ni siquiera pueden cubrir sus necesidades más básicas y elementales.

Por supuesto cada cuál es libre de invertir o gastar su dinero como mejor le plazca. También de decidir si ayuda o no a quienes viven una situación económica precaria, complicada e indeseable.

Saludable y enriquecedor resulta no juzgar ni cuestionar a los demás. Aunque ello no nos incapacita de opinar y aconsejar. Si es posible es mejor hacerlo desde la propia experiencia, por haber caminado con el mismo calzado que el otro, y por supuesto siempre desde el máximo respeto, prudencia y sentido común. Y así con estas premisas me atrevo a recomendar, incluso a solicitar, que la gente aprenda y se abstenga de una vez de alardear, presumir y divulgar a los cuatro vientos lo mucho que puede gastar en viajar, en ocio, caprichos o en incrementar su patrimonio.

No practico el vicio de la envidia y me encanta comprobar que a la gente le va bien. Pero me incomoda y escuece observar cómo algunos miran a los demás desde un pedestal, con desprecio, presumiendo y regodeándose a todas horas de todo cuanto pueden permitirse y poseen. Probablemente disfruten más tratando de fastidiar y avergonzar al otro, que de la propia comilona en el restaurante de moda o de la habitación de un hotel prohibitivo para una gran mayoría.

Pero si además les escuchas justificar que algunos se han buscado ellos solos o no hacen lo suficiente por superar su precaria situación, la verdad es que te dan ganas de como decía mi abuela "soltarles una fresca". Quizás a veces sí convendría ser menos sensato o cobardica y no callar lo que de verdad se piensa. A nadie se le desea el mal, pero no me negarán que a algunos les sentaría muy bien un buen trago de la realidad que viven a diario personas que jamás pensaron que podrían verse así.

Pues lo dicho señores, quién más y quien menos ya anda calculando y pensando cómo podrá disfrutar de sus vacaciones. Yo no digo que uno tenga que avergonzarse o esconder lo que puede permitirse, y sin duda se ha ganado y merece. Pero tampoco hay por qué ir dando detalles y mostrando reiteradamente, con descaro y alevosía, lo mucho que comparando con otros nos podemos permitir.


Cuando dudemos en si podemos dañar con nuestras palabras o gestos al que tenemos al lado, nunca falla el consejo de actuar tal y como te gustaría que hicieran contigo. 

jueves, 2 de junio de 2016

Aprender a vivir sin un ser querido


Anoche Miguel Ángel Jiménez, psicólogo especialista en psicología clínica, impartió la charla titulada "Aprender a vivir sin un ser querido". 
La verdad es que no me apetecía mucho ir. Pero decidí asistir porque aunque nos cuesta e incomoda mucho hablar de la muerte, creo que es necesario conocer cómo reacciona mente y cuerpo ante una situación natural e inevitable, pero tremendamente dolorosa e indeseable. 
Yo le pediría a todo el mundo, especialmente en esta situación, que deje de juzgar a los demás y de ejercer la hipocresía. Y que aprenda a mirar, a escuchar y a acompañar desde el corazón.
Le dedico este resumen a los que ahora viven lo que es un duelo. Porque se van a convertir en mejores personas, y porque tienen todo el derecho del mundo a recomponer su vida y volver a ser felices.

“El duelo es un proceso, una situación que todos experimentaremos antes o después. El cerebro no está preparado para asumir una muerte. Es un proceso doloroso y lento. Hay que expresar el dolor, es fundamental. Hay que sacar emociones para que el corazón no se rompa. Puede parecer insoportable pero supone maduración y crecimiento personal”

“Superamos el duelo cuando dejo de centrarme en el pasado. Cuando recuerdo al ser querido sin dolor, con amor y de forma entrañable. Cuando vuelvo a orientar mi vida hacia el presente y el futuro”

“El primer año del duelo es el más duro. No se puede generalizar respecto a la intensidad y duración del mismo. Hay tantos duelos como personas. Depende de muchos factores. La edad y causa del fallecido, el vínculo y la relación que manteníamos con esa persona etc.”

“A nivel físico se puede sufrir ansiedad, dolor o presión en el pecho, palpitaciones, sensación de falta de aire. Tensión, inquietud, insomnio. Pesadillas, fatiga, debilidad. Todas estas sensaciones irán disminuyendo con el paso de los días”

“A nivel emocional influyen mucho las circunstancias personales, familiares y laborales. Cualquier sentimiento o conducta es normal. La principal emoción suele ser la confusión acompañada de tristeza, abandono, enfado, rabia, ira. Vacío, soledad, ansiedad, miedo, culpa. Fracaso, impotencia y desesperanza”

“A nivel de conducta podemos disminuir o aumentar nuestra actividad. Se puede perder el apetito y tener pocas ganas de estar con otros, de hablar. Se siente mayor irritabilidad y susceptibilidad”

“A nivel cognitivo sufrimos un embotamiento mental. Confusión, olvidos y dificultad de concentración. Nos preguntamos continuamente por qué. Podemos llegar a cuestionar nuestras creencias religiosas y el sentido de la vida”

“Al principio todos nuestros pensamientos y emociones se centran en la persona perdida. Con el paso del tiempo irán apareciendo recuerdos entrañables que nos reconfortarán. Y aunque ya nada será igual empezaremos a ilusionarnos con nuevas cosas. Iniciaremos el camino de la aceptación, que no significa olvidar”

“El duelo como la persona es único. No todos pasamos por las mismas etapas ni en el mismo orden. Habrá avances y retrocesos. En fechas señaladas podremos volver a cualquier etapa. Pero con el tiempo la intensidad y el sufrimiento emocional irá disminuyendo”

“La primera fase es de shock, de negación, paralización, desconcierto y silencio. Sufrimos embotamiento y  anestesia emocional. Algunos pueden actuar como si nada hubiera pasado, con sentimiento de irrealidad”

“En la segunda fase aparece la ira y la rabia. Se busca a un supuesto culpable. Culpar a alguien o a nosotros mismos, o al fallecido es una doble carga emocional que no tiene ningún sentido. Sentimos que lo que nos ha sucedido es injusto e inmerecido. Sentimos culpa y mucha inseguridad. Disminuye nuestra concentración y memoria”

“En la tercera fase del duelo empezamos a tener conciencia de la pérdida. No volverá. Sentimos profunda tristeza, sensibilidad, apatía, desinterés. Se puede llegar a sentir la presencia del ser querido. A veces podemos sentir el impulso de llevar a cabo cambios muy radicales. En esta etapa es mejor no tomar decisiones importantes”

“En la cuarta etapa empezamos, poco a poco, a afrontar la pérdida, a reorganizar nuestra vida. Empezaremos a estar preparados para tomar nuevas decisiones. Esta fase requiere de un esfuerzo personal para avanzar. Para que el sentir y la emoción pase de ser dolorosa a reparadora. Para no caer o instalarse en la depresión”.

“No se puede determinar un tiempo concreto, pero transcurridos más de 18 meses un duelo se puede complicar. Si nos quedamos atrapados en sentimientos como la culpa, la rabia, la injustica y la tristeza intensa. También si se ha contenido y reprimido este proceso”

“El ser querido deja huella. Al principio podemos tener la sensación de oírlo, de sentir que nos toca, que nos mira, que está presente, incluso llegar a verlo. Es normal, no nos estamos volviendo locos, y no hay por qué asustarse. También podemos tener la necesidad de ir a los sitios que íbamos, de tener cerca sus cosas, o todo lo contrario”

“Hay que superar muchos retos. Hay que darse tiempo. Hay que aceptar que está muerto y no volverá. Experimentar dolor y pena sin reprimir ni bloquear esos sentimientos. Hay que confiar en nosotros mismos. Hay que rehacer la vida sin el ser querido siguiendo con nuestras tareas, obligaciones, gestiones, relaciones, decisiones e ilusiones. Apoyándonos en quienes nos quieren y aprecian”

“Superar no es olvidar. Es tener un lugar para el recuerdo de lo felices que fuimos o de lo que quisimos y compartimos con esa persona. Es pensar que  tengo los recuerdos más bonitos del mundo, que mi vida sigue hacia adelante, que tengo que volver a ser feliz”

“Debemos permitirnos estar tristes pero hay que esforzarse para no abandonarse. Conviene salir a la calle, relacionarse con los demás. No hay que sufrir el duelo en soledad. Hay que volver a la actividad aunque no se tengan ganas. Como sucedía antes, que ibas al supermercado sin ganas o quedabas con el cuñado sin ganas. Primero afrontar tareas sencillas, luego más complejas. Si te apetece hablar de tu pérdida, dar explicaciones hazlo. O no. Tú decides. Déjalo claro y los demás lo entenderán”

¿Cómo podemos ayudar a la persona que está viviendo el duelo?
No limitando el duelo, ni sus fases. Estando disponible, respondiendo con afecto. Empatizando. Sin imponer ni juzgar ni cuestionar. No dando ánimos elaborados. Respetando su actitud o necesidad. Hay que normalizar cualquier emoción, sea la que sea. Alentando a expresar sentimientos. Sin miedo a nombrar o hablar de la persona que se ha ido. Sin miedo a emocionarnos juntos, a reír o llorar. Evitando las frases hechas tipo: el tiempo lo cura todo, es ley de vida, a todos nos va a llegar, se van los mejores, no somos nadie, tú ya no deberías sentirte así etc. Hay que estar pendiente de la persona que sufre, provocando situaciones de comunicación y encuentro, durante un buen tiempo”.

“Comunicar y compartir con un niño una pérdida es muy duro. Somos su principal fuente de apoyo y no le podemos abandonar. Por muy mal o triste que yo esté, tengo que estar con el niño. Y puedo llorar, y no pasa nada, no hay que disimular sentimientos. Hay que compartir con ellos los positivos y los negativos”.

“El familiar más cercano y con mejor relación afectiva, no necesariamente los propios padres, es el que debe darle la noticia. En un lugar familiar, tranquilo, de su entorno. Hay que ser sincero, claro y directo, evitando eufemismos como que se ha ido de viaje, se ha quedado dormido etc. Hay que dejarle al niño claro que no va a volver, que ya no estará con nosotros. Cuando pregunte por qué se le puede decir que es algo natural, que nos pasará a todos. Hay que estimularle para que hable de esa persona, y que a su manera exprese sus sentimientos”

“Hasta los 2 o 3 años los niños no saben qué es la muerte. No hay porque decírselo. Pero sí notan los cambios que les pueden generar incomprensión y angustia. Por tanto hay que explicarles qué vamos a ir haciendo y modificando, porque su entorno será ahora distinto, diferente.
De 3 a 6 años perciben la muerte como algo temporal y reversible. Suelen preguntar ¿cuándo volverá?
De 6 a 9 años distinguen vida y muerte, y proceso natural e irreversible.
A partir de los 9 años, como los adultos tienen plena conciencia de la muerte”.


Esta charla fue organizada por la Concejalía de Familia y Mujer del Ayuntamiento de Yecla.